Festival Marvin 8a Edición

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Desgarriate en Hipsterland

Ignoro si la ley recibe la orden de relajarse mientras el Festival Marvin dura. Pensaría que sí debido a que el sábado pasado la gente iba y venía por la Av. Álvaro Obregón sin tener que cuidarse la espalda, embriagándose feliz mientras a lo largo del llamado corredor cultural Roma / Condesa -esa suerte de pasarela callejera cuya única regla de etiqueta es mantenerse obediente ante las tendencias de moda- una numerosa cantidad de músicos visitaba diversas tarimas con tal de hacerse de más oídos.

Fue día de fiesta en la zona más trendy de la capital. Una jornada de música y desgarriate ideada por la revista Marvin donde tres sitios marcaron su raya respecto al resto de foros que en esta edición del fest fueron parte de la bulla. Así, puro hip hop y manifestaciones aleatorias hubo en el MF 246; sólo rock, punk y garage sonó en el escenario del Foro Bizarro; y únicamente stand up comedy proyectó el micrófono de Woko Taberna. Por su parte, Caradura, Departamento y Cinespacio 24 evadieron etiquetas mientras en El Plaza Condesa los cabezones del cartel hicieron lo suyo. El único foro donde no hubo portero fue en el que se ubicó en el Parque España, y justamente debido a su gratuidad la mejor fiesta tuvo lugar ahí, entre jardineras, mientras pizza de horno de piedra y cerveza artesanal aliviaba gruñidos estomacales en negocios aledaños y tortas locas y latones provenientes de la doctores también amansaban intestinos.

En el España, el zócalo de la tierra hipster, armados en el seven más cercano hordas de millennials se empinaban modelos, viñas y four lokos mientras fajaban en los prados y rolaban gallos sin discreción; guatsapeando cuando la señal gratuita del parque se los permitía, buscando la sombra si el sol azotaba y tapándose las cabezas con bolsas del minisúper a la hora en que la lluvia caía. Ahí estaban los que arribaron a Hipsterland sin visa, migrantes de la periferia capitalina que gozaron de las bondades del primer mundo mexa al son de los ídolos que en las pantallas de los andenes del metro se han forjado, como Tino El Pingüino y Simpson A Huevo. Sí, ese barrio hubiera querido ver a Tito Fuentes (Molotov), Lanza Internacional (exiliados de Los Bunkers) y a los MC´s más respetados de esta era, Aleman y Hadrian, por citar cuatro ejemplos, pero varios billetes de a cien se lo impidieron.

En El Plaza, los Buzzcocks, Gang of Four y The Drums rifaron sin fallas. Los ingleses como fierro caliente marcando el cuero; los de Brooklyn, con la simpleza encantadora como banderín. Para entonces, los Editors ya habían tocado en versión ligera de voltios y la reventa estaba barata. Además, edecanes de carnes nobles regalaban paletas de hielo con ron y piña colada cuando las nubes aliviaban su peso y los globos otrora flotantes se ponchaban uno a uno. La noche caía. El after se antojaba y los afortunados llegaron a alguno de los muchos que hubo. Quien este texto firma tuvo la fortuna de caer en el más cotizado, donde, cual mosca sobre muffin, interrumpió la charla entre Steve Diggle y Brandon Welchez para hacer lo que los impertinentes suelen cuando la madrugada llega. Ahí, entre nubes y luces, hubo whisky por galones y harto glam. Para entonces, las proyecciones de cine al aire libre habían cesado y centenas párpados detenido su actividad.

Insolación. Olor a perro mojado. Cruda prematura. Oídos zumbantes. Cansancio. Los resultados del Marvin 2018 en el sábado más reciente. Faltó perreo, del chacaloso, del ingente, y más actos gratuitos. Ésta es una versión del lo sucedido, una apenas, porque miles de crónicas del festival ahora mismo circulan en lengua viva por sus propios protagonistas. Ya se habla de encerrones en hoteles, de caídas y levantones, de experiencias nuevas y de scratches viejos. Se habla y habla hasta donde se puede porque la lectura está devaluada y las historias de Instagram llevan rato encargándose de contar lo que importa.  Ya no se firma, sino que se cuenta disparando tras preparar y apuntar. La pena: a la fecha, muy pocos hashtags poseen esa lumbre rica que hiere e ilumina. Fuego, se llama. Fuego.

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